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La Noticia de la Frontera Sur

Visitan la cruz parlante, para conocer historia

cruz%20parlantePor Samuel FE­LI­PE CA­RRI­LLO PUER­TO, 24 de ju­lio.- Un gran nú­me­ro de vi­si­tan­tes han arri­ba­do a es­ta ca­be­ce­ra mu­ni­ci­pal con el ob­je­ti­vo de co­no­cer el pa­tri­mo­nio cul­tu­ral de es­ta re­gión, des­ta­can­do la igle­sia ubi­ca­da a un cos­ta­do del par­que cen­tral, tam­bién co­no­ci­da co­mo el Tem­plo de Noj Caj San­ta Cruz Ba­lam Nah Kam­po­kol­ché.

El tem­plo de “La gran ciu­dad sa­gra­da de la Ca­sa Ocul­ta del Ti­gre de la San­ta Cruz” se em­pe­zó a cons­truir en fe­bre­ro de 1858 con el ob­je­to de al­ber­gar a las tres cru­ces que fue­ron la­bra­das con la ma­de­ra de la le­gen­da­ria cao­ba de­rri­ba­da del san­tua­rio de la Cruz Par­lan­te.

El tem­plo de Ba­lam Naj -la ca­sa ocul­ta del ti­gre- (ti­gre co­mo si­nó­ni­mo de sa­cer­do­te, del cual el ti­gre es su na­hual o al­ter ego) fue ter­mi­na­do en no­viem­bre de 1858. El tem­plo, ca­so úni­co en Amé­ri­ca, fue cons­trui­do con la ma­no de obra de es­cla­vos blan­cos, cap­tu­ra­dos en los ata­ques a ciu­da­des yu­ca­te­cas, y con es­cla­vos ma­yas que ha­bían ce­le­bra­do tra­ta­dos de paz con los blan­cos. Su cons­truc­ción fue di­ri­gi­da (en­tre otros) por el mí­ti­co gue­rre­ro, Ber­nar­di­no Cen.

El pri­mer ta­tich o su­mo sa­cer­do­te del nue­vo tem­plo fue Agus­tín Ba­rre­ra, hi­jo de Jo­sé Ma­ría Ba­rre­ra, quien rei­ni­ció el cul­to. Las ren­ci­llas y los ase­si­na­tos fue­ron fre­cuen­tes en­tre los je­fes ma­yas, sin em­bar­go, du­ran­te la se­gun­da mi­tad del si­glo XIX los ma­yas fue­ron due­ños de su te­rri­to­rio y for­ma­ron, de he­cho, una na­ción apar­te. Fue­ron nu­me­ro­sas las in­cur­sio­nes del ejér­ci­to yu­ca­te­co a la ciu­dad sa­gra­da, las cua­les ter­mi­na­ron en es­tre­pi­to­sos fra­ca­sos y gran­des pér­di­das. Fue has­ta 1893, con la fir­ma del tra­ta­do Spen­cer Ma­ris­cal y el cie­rre de la na­ve­ga­ción por el Río Hon­do, que los ma­yas, blo­quea­dos de ad­qui­rir ar­ma­men­to en Be­li­ce y con pug­nas in­ter­nas, em­pie­zan a de­cli­nar.

El tres de ma­yo del año 1900 fes­te­ja­ron en la ciu­dad sa­gra­da, la gran fies­ta de las cru­ces, ofren­das, dan­zas y mi­sas se su­ce­die­ron día tras día, fue el úl­ti­mo sa­lu­do. Des­pués, an­te el avan­ce de un ejér­ci­to con ri­fles de re­pe­ti­ción y con la fron­te­ra blo­quea­da, aban­do­na­ron la ciu­dad, no sin an­tes pre­sen­tar una he­roi­ca re­sis­ten­cia.

Las cru­ces tu­vie­ron un des­ti­no di­fe­ren­te (29 años más tar­de) una fue a pa­rar a Xca­cal Guar­dia, la otra a Chum­pón, y la úl­ti­ma a Chan­cah Ve­ra­cruz, en don­de has­ta la ac­tua­li­dad se si­guen ve­ne­ran­do.

El cer­co ter­mi­nó por ce­rrar­se, y el cua­tro de ma­yo de 1901, el Ejér­ci­to fe­de­ral, al man­do del cha­cal, Ig­na­cio Bra­vo, en­tró a la ciu­dad sa­gra­da, en­con­trán­do­la de­sier­ta. El ge­ne­ral Bra­vo con­vir­tió el Ba­lam Naj en un lu­pa­zas, el lu­gar per­ma­ne­ció co­mo cam­pa­men­to mi­li­tar has­ta 1904. Du­ran­te el por­fi­ria­to, el te­rri­to­rio fue con­si­de­ra­do si­tio de des­tie­rro pa­ra opo­si­to­res al ré­gi­men, y la igle­sia fue con­ver­ti­da en cár­cel, y pos­te­rior­men­te en co­rral.

Con el triun­fo de la re­vo­lu­ción ma­de­ris­ta lle­ga el ge­ne­ral Sán­chez Ri­ve­ra y sus­ti­tu­ye a Bra­vo, con la vic­to­ria de Ca­rran­za, el ge­ne­ral Sal­va­dor Al­va­ra­do en­tre­ga to­da la zo­na cen­tral del Te­rri­to­rio de Quin­ta­na Roo a sus an­ti­guos ha­bi­tan­tes, co­man­da­dos por Gua­da­lu­pe Tun y Sil­vi­no May, los cua­les des­tru­yen las ins­ta­la­cio­nes y aban­do­nan el pue­blo. Des­pués de una de­vas­ta­do­ra epi­de­mia de vi­rue­la, sur­ge co­mo No­hoch Ta­ta, el ge­ne­ral Fran­cis­co May, quien rei­ni­cia la ex­plo­ta­ción chi­cle­ra, vuel­ve a po­blar el lu­gar y cons­tru­ye una ca­pi­lla al la­do del tem­plo de Ba­lam Naj, la cual se uti­li­zó co­mo sa­lón de asam­bleas y tea­tro.

Pos­te­rior­men­te al­ber­gó las reu­nio­nes de una lo­gia ma­só­ni­ca y fue con­ver­ti­da en ci­ne. Fue aquí don­de se rea­li­zó una ve­la­da cul­tu­ral con el Pre­si­den­te Lá­za­ro Cár­de­nas en 1939. En ese mis­mo año, pa­dres dio­ce­sa­nos de Mé­ri­da die­ron los pri­me­ros ser­vi­cios re­li­gio­sos en el lu­gar. Lo que an­tes fue el sím­bo­lo de la uni­dad y au­to­no­mía del pue­blo ma­ya, se con­vier­tió en sím­bo­lo de in­te­gra­ción a una so­cie­dad di­fe­ren­te.

En 1941 lle­ga­ron los mi­sio­ne­ros ca­tó­li­cos de la or­den nor­tea­me­ri­ca­na de Maryk­nold, ellos res­tau­ra­ron el tem­plo y le hi­cie­ron al­gu­nas mo­di­fi­ca­cio­nes. En 1945 les fue otor­ga­do el tem­plo pa­ra el cul­to cris­tia­no y en 1970 la con­gre­ga­ción de los Le­gio­na­rios de Cris­to se ha­ce car­go de la aho­ra pa­rro­quia de la San­ta Cruz.

Fue has­ta el uno de ma­yo de 1997, que au­to­ri­da­des de los san­tua­rios de Chan­cah Ve­ra­cruz y Xca­cal Guar­dia rea­li­za­ron una ce­re­mo­nia en el an­ti­guo tem­plo de Ba­lam Naj, del ac­tual Fe­li­pe Ca­rri­llo Puer­to.

Exis­te una pro­fe­cía es­cri­ta en un li­bro res­guar­da­do en el cen­tro ce­re­mo­nial de Chan­cah Ve­ra­cruz que di­ce: “Se ve­rá en un día, cla­ro y so­lea­do, so­bre la al­ta cú­pu­la del tem­plo sa­gra­do de Noj Kaj San­ta Cruz, un ru­do com­ba­te de aves. Se­rá una enor­me ej pib (es­pe­cie de ga­vi­lán con ca­be­za ne­gra) que pe­lea­rá con un sak p’ok (ra­ro ejem­plar de zo­pi­lo­te con ca­be­za blan­ca) en te­rri­ble lu­cha a muer­te. Es­ta lu­cha, se­rá el ini­cio del des­per­tar del pue­blo ma­ya”.

26/07/2009 - Posted by | Uncategorized

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